Retrato de la ciudad de Panamá por John Lee Anderson

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fuente: Pixabay

Los edificios fantasma en Panamá sirven para lavar dinero.

Cuenta el ya legendario periodista John Lee Anderson en The New Yorker que en una visita a Panamá en los años noventa, observó que en un edificio de oficinas recién construido la mayoría de las oficinas estaban vacías. Al preguntarle a su guía la razón, éste le respondió: “es lavado de dinero”. Por cada oficina vacía, se había establecido un negocio fantasma. Un traficante podría necesitar decenas de oficinas para cada una de las empresas ficticias que creara en Panamá.

El amigo y guía de Anderson calculó que en ese edificio sería posible lavar hasta cien millones de dólares al año. Anderson dice que en 1999, cuando el Canal de Panamá fue devuelto a la soberanía panameña, un economista local y expresidente del Banco Mundial, Nicolás Ardito Barletta, le contó que el modelo de futuro para su país era el de ser una mezcla entre Singapur y Rotterdam. En uno de los paseos que compartió con Barletta, dos de sus acompañantes se mostraron muy incómodos ante la presencia de un periodista. Uno de ellos era Josep, hijo de Jordi Pujol.

Por ese entonces, el alcalde de la ciudad de Panamá, Juan Carlos Navarro, le confesó a Anderson que deseaban ser una nueva Suiza, que atrajera inversores, aún si se tratara de dinero sucio.

 

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